El valor que internet merece

Desde que me conecté por primera vez a Internet con mi maravillosa Dreamcast con su módem a 33.600 kilobaudios (¡sin depender del ordenador de los adultos, toma ya!), fui bendecido por una fuente inagotable de conocimiento que me cambió a mejor, me sacó de mi letargo. El archivo humano al que me dio acceso abarcaba prácticamente cualquier materia posible, en seguida reactivó mi capacidad natural por aprender, sedada por un sistema educativo que en mí no terminaba de dar con la tecla para despertar mi interés.

Debido a la importancia que le doy a la igualdad de oportunidades, a ese derecho fundamental al desarrollo personal a través -en este caso- del aprendizaje, para mí internet no es un invento cualquiera, es una herramienta que nos proporciona una enorme riqueza. Como ejemplo, la impresora 3D que tengo a mi lado: una máquina construida gracias al ingenio y entusiasmo de unos pocos humanos, compartiendo sus hallazgos con otros, que a su vez lo comparten con otros perfeccionando juntos la idea original.

En eso consiste este maravilloso invento, surgido tantas décadas atrás como ARPANet, la red primigenia de información que interconectaría universidades, laboratorios, instituciones académicas y gubernamentales en Estados Unidos. Me emociono, de verdad, al pensar que hoy en día podemos cargar en un bolsillo todo lo que fuimos, somos y seremos, porque cualquier dispositivo móvil conectado a internet nos da acceso a un saber inabarcable.

Últimamente huyo de toda la basura que se publica en internet para violentar a la masa. Pero el mundo ha cambiado, no estar en internet, en esas redes que algunos días tanto me disgustan, también significa perder la oportunidad de entables nuevas amistades, nuevos contactos y oportunidades, significa estancarme, dejar de crecer y, prácticamente, no existir.

Vivo en constante aprendizaje, dudo de lo que sé y mi opinión es muy cambiante porque, simplemente, no lo sé todo. Y si me equivoco, me equivoco: no me avergüenzo por ello. Utilizo internet para ayudar en la medida de lo posible, no tengo tiempo para combatir enemigos ilusorios. Los necios no van a escuchar y lo que pretendo es apaciguar conflictos, no crear más.

Mi deseo es participar en una red más limpia, inteligente y fascinante para todos. Y si para conseguirlo debo sacrificar el número de seguidores potenciales, no participar en polémicas de las que no llevan a ninguna parte y obviar los trillados temas de siempre, lo haré encantado. No soy una celebridad, ni quiero serlo, eso no me hace crecer en ningún sentido salvo en lo económico.

Algún día, me gustaría echar la mirada atrás y sentirme orgulloso por mi contribución al mundo, saber que algo de lo que publiqué fue útil para alguien.

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