Incredible Crisis

No era muy común que en la década de los 90 llegaran a Europa títulos de corte japonés muy marcado. Me refiero a esos inventos extraños que aquí confundían al personal por no encajar en ninguno de los géneros populares. Incredible Crisis es uno de esos ejemplos, no porque no nos gustaran las locuras más hilarantes, más bien porque muy pocas compañías, como Namco con su genial Point Blank, se atrevían a distribuir títulos atípicos en el viejo continente. A continuación, mi viejo, viejo, viejo “análisis”.

No te asustes al ver el logo de Titus en la portada de las versiones occidentales, esta japonesada a base de mini juegos merece ser probada.

Las distribuidoras tienen la extraña creencia de que los juegos con aire nipón, basados en personajes estrambóticos y alejados de géneros convencionales como pueden ser las típicas aventuras 3D que mezclan un poco de aventura y acción, las carreras y deportes como el fútbol, no venden bien aquí. Incredible Crisis es uno de esos títulos que rara vez salen de Japón y, más raro todavía, es que alguien se atreva a distribuirlo en nuestro país.

La trama que ha ideado Polygon Magic para Incredible Crisis es la siguiente: la abuela está entusiasmada porque hoy es su cumpleaños, desea celebrarlo con sus seres queridos y les pide que sean puntuales. Todos sabemos lo que ocurre cuando las fuerzas aleatorias del azar nos impiden hacer algo que le habíamos prometido a otra persona, ¿verdad? Pues el “random”, como a mí me gusta llamarlo, utiliza toda su mala uva para confabular contra Taneo, su mujer e hijos. Cada uno de los miembros de esta cómica familia japonesa las pasará canutas para llegar a tiempo a la cita.

Es fácil darse cuenta que tan sólo se trata de una excusa para enlazar cada uno de los mini juegos que debemos superar con nuestros desdichados protagonistas. Incredible Crisis nos presenta un reto tras otro, intercalados con vídeos absurdos que nos cuentan la historia a ritmo de ska. No se puede decir que se hayan esmerado demasiado pero el sentido del humor está a la orden del día.

Tenemos gráficos pobres, música pesada, sonidos terribles que deben provenir de algún zoológico en llamas y una historia que no le interesa ni a sus creadores. También nos encontramos con un acabado técnico que no va mucho más allá del aprobado. A todos estos ingredientes se le suma que en 1999 ya habían salido el 90% de los abanderados de PlayStation y nos queda un juego que, evidentemente, está destinado al olvido. Pero no importa, a mí no me importa. El juego es divertido y sus carencias pueden pasarse por alto.

Dentro de sus limitaciones muestra un buen diseño, nos propone situaciones ocurrentes y una forma de jugar accesible. Es un juego apto para todos independientemente de su habilidad (a mayor torpeza, más diversión), el funcionamiento de las 25 escenas que lo componen es sencillo de asimilar y se incluye una explicación antes de comenzar cada uno. La mayoría consisten en pulsar los botones que aparecen en pantalla en el momento oportuno y algún que otro machaqueo incesante. Es una jugabilidad bastante plana que no requiere aprendizaje previo, pero tremendamente viciante si juegas acompañado.

Minijuegos a la japonesa, un disparate siempre recomendable.