Mercury Meltdown

Si te gustó el primero estás de enhorabuena. Mercury Meltdown es Mercury en estado puro: más elaborado, más divertido, más niveles… En definitiva, más de todo, incluso colorido.

Reconozco que tengo un problema bastante serio, se trata de una terrible fijación por todo videojuego que me recuerde al triquibol. Uno de mis mayores deseos durante la infancia y, para qué negarlo, durante el resto de mi vida hasta el día de hoy, ha sido tener un maldito triquibol. Cada vez que recuerdo ese pequeño tablero lleno de trampitas que se movían de un lado a otro, se apodera de mí una nostalgia que me hace sentir vacío por no haber tenido uno de esos juguetitos en mi niñez.

Supongo que por eso, a día de hoy, cualquier juego con bolitas y obstáculos me apasiona. En Master System pasé meses pegado a la tele con el Marble Madness. Guiar aquella canica (delicada como la porcelana) por esos elaborados laberintos con efecto pseudo 3D, se convirtió en mi pasión rutinaria y al mismo tiempo en la frustración de mi vida: se me hacía tremendamente difícil avanzar. Acabé deshaciéndome de él y semanas más tarde conseguí la versón 16 bits de Mega Drive: mejor control y una profundidad en el color muy superior a la ofrecida por la rústica Master. Para el resto de mi familia aquello no tenía ningún sentido, los veían IDÉNTICOS y yo era un flipado.

Directamente de la escuela marble-madniana, el año pasado llegó a PSP un juego llamado Mercury y hoy tengo el placer de analizar su secuela. Mercury Meltdown es algo así como hacerle un extreme make over al original, el lavado de cara que ha sufrido lleva a preguntarme si no será porque el primero era horrible y se dieron cuenta tarde. La nueva entrega es muy colorida, más cercana a un mundo de juguetes que al… ¿qué representaba la estética del primer juego? Era abominable, y no soy de los que se divierten (demasiado) criticando el trabajo de los demás.

La mecánica permanece invariable: cruzar escenarios con nuestra bolita de mercurio hasta la meta aunando habilidad e inteligencia y, honestamente, sólo por el cambio estético, apetece jugar.

La herencia del clásico Marble Madness se mantiene tan fresca a día de hoy, que todo añadido a la idea original de aquel juego, parece forzado a entrar con calzador, porque siendo sinceros, llegar a la meta ya es un reto con aliciente (mientras sorteas obstáculos) como para estar pendiente de otros elementos. Y es aquí donde se aprecia el principal problema de la obra de Ignition: el desarrollo se resiente muchísimo debido al tedioso componente puzzle que se empeñaron en incluir.

El nuevo Mercury fusiona algunos de los niveles más increíbles e ingeniosos jamás vistos en un videojuego de habilidad, con otros que dejarás olvidados hasta que no tengas más remedio que completarlos para seguir avanzando. Guiar una bola de mercurio por un tablero repleto de desniveles, piezas móviles y trampas con el único objetivo de llegar a la meta, es una idea tan simple como atractiva, gratificante hasta el punto de querer repetir un mismo nivel mejorando tu tiempo una y otra vez. No es que no me guste usar el cerebro para avanzar, el problema es que hay momentos aburridísimos por la falta de ritmo y las complicadas maniobras que nos exigen para realizar algunas tareas. ¿Y todavía hay gente que pide el sensor de movimiento en PSP? ¡Insensatos, no sabéis lo que estáis diciendo!.

Es un grave error aumentar la complejidad del juego con ciertos elementos que no sólo no enriquecen la experiencia jugable, sino que hacen de algunos niveles un auténtico tostón: “ahora recorro todo el escenario, cambio de color, vuelvo por donde vine a paso de tortuga para no caerme, me parto en dos y cambio una porción de color, la uno con la otra y formo otro color nuevo que me permitirá pasar por aquella puerta que había al inicio, me vuelvo a partir en dos hasta el infinito y ahora hago coincidir las múltiples bolitas de mercurio, todas a la vez, en las también múltiples metas repartidas por el escenario, gracias a mi poder mental capaz de controlar varios pedazos de mercurio al mismo tiempo, y se acabó, no aguanto más con la psp encendida“.

Este ejemplo puede parecer exagerado, pero pronto se llega a la conclusión de que los niveles más divertidos son los formados por la premisa más básica, los de habilidad pura y dura. En muchas ocasiones, avanzar significará perder tiempo dividiendo el mercurio en una esquina, pasarlo por una máquina encargada de modificar el color (bolitas de distintos colores formarán otros nuevos al fundirse en una) y volver a recorrer de nuevo el mismo nivel para llegar hasta la compuerta correspondiente al color que acabamos de conseguir, situado, por supuesto, en el otro extremo de un nivel que ya habíamos recorrido.

Insisto, me gusta usar la cabeza, valoro los diseños ingeniosos y le dan un plus de satisfacción, pero la cantidad de minuciosas maniobras al mezclar habilidad y rompecabezas es exasperante en algún nivel.

No hay cambios en el control, el esquema es el mismo que vimos en el anterior juego. Con el stick analógico inclinamos la dirección del escenario para dirigir la bola, teniendo siempre en mente que debemos tratarla como mercurio real, ya que su física está preparada para simular su estado semisolido, lo que conlleva a un desparrame constante (si no tenemos cuidado) de pequeños fragmentos que iremos perdiendo al chocar contra objetos punzantes como esquinas, que también serán útiles para dividirnos cuando sea necesario.

Los botones principales se utilizan para rotar y cambiar el ángulo de la cámara, pudiéndola modificar en cualquier momento buscando la forma más cómoda y eficaz de afrontar las distintas zonas de cada nivel con la visibilidad adecuada. La cruceta permite fijar la cámara en una determinada gota de mercurio cuando ésta se encuentra divida en dos o más porciones. También tenemos a nuestra disposición un zoom asignado a los botones laterales: L y R. Para finalizar, se añade al botón Select la posibilidad de observar de forma libre el nivel que estamos jugando, una vista previa útil para conocer los entresijos y familiarizarse con el entorno.

Todo responde como debe, jugabilidad sobresaliente gracias a la precisa respuesta del stick analógico de PSP en este juego.

La complejidad va en aumento a lo largo de la enorme cifra de 168 niveles. Hay novedades como los tres estados que modifican la densidad del mercurio: sólido, rápido y lento. Rampas inclinadas, cintas mecánicas, estrechos pasillos y sinuosos trazados sobre la nada, paneles que disminuyen la velocidad, resbaladizas zonas heladas, raíles para avanzar en estado sólido, mecanismos de presión que sólo nos dejarán continuar si no hemos perdido demasiado mercurio por el camino, interruptores que activan plataformas móviles, compuertas que se abren al inclinar el escenario en determinada dirección, piezas mecánicas que entorpecen nuestro paso, enemigos… ¡es mejor que el auténtico triquibol!

Los que adoren los retos aquí tienen uno. Para completar al 100% cada nivel, van a tener que ponerse el mono de trabajo. Si el número total de niveles no es suficiente, que se vayan preparando. Existen extras (minijuegos, distintos aspectos para el mercurio y niveles secretos) que se desbloquean al recoger los objetos de bonificación repartidos por las zonas más peligrosas de cada nivel. Recolectar algunos de estos items supone un ejercicio de paciencia, puede llevarte horas completar los niveles más avanzados sin olvidar nada por el camino. Es un juego muy amplio en todos los sentidos, gigante comparado con el original.

Ya que se han desecho de ese estilo gráfico tan soso, para la próxima ocasión espero más niveles de habilidad y menos tareas pesadas, más coherencia y mejor estructura. Completar Mercury Meltdown me supondrá muchísimo tiempo, es un juego tan extenso que a pesar de estar escribiendo este análisis, reconozco no haberlo terminado. No tengo ninguna prisa por el siguiente mercurio, pero espero que lo haya. Le he cogido cierto cariño, en PSP no hay nada igual y el Super Monkey Ball de NDS es un título bastante flojo.

¡Y recuerda, si consigues algo increíble, guarda la repetición y muéstrasela orgulloso a tus amigos!