Por qué dejé las redes

Principalmente, porque me gusta vivir tranquilo y no necesito atención, soy válido aunque no haya nadie enviándome corazones y pulgares de aprobación.

Lo siento, pero si estás en una red, ya sea dando a conocer tus opiniones, habilidades, negocios o locuras, normalmente (habrá excepciones, tal vez tú la seas) algo de atención buscas. No es necesariamente malo, ni bueno, dependerá de hasta dónde estés dispuesto a llegar para obtenerla y cuánto la necesites. No te juzgo, no es asunto mío, pero yo no la quiero, de hecho, la rechazo rotundamente.

Prefiero compartir mi vida con un grupo reducido, que mis ideas, opinión y bromas lleguen a quien aprecio, mientras que mi contenido educativo, tutoriales, vídeos y publicaciones en internet, lleguen a quien lo busque, a quien se tope con esta web o canales sin que yo intervenga de ninguna manera.

Lo he intentado más allá de mi voluntad, pero las redes sociales solamente me causan malestar, una sensación de vacío inmenso. Las cosas que puedo llegar a publicar en un lugar como Instagram son absurdas: mi último corte de pelo, las monerías de los gatos que cuido*, la película que voy a ver o lo bien que me salen las croquetas. Me he intentado integrar, he hecho todas esas tonterías y varias más, pero no tengo ganas de repetirlas día tras día. Es un insoportable bucle infinito de nada.

(*) No son mascotas, están conmigo en el campo porque quieren, son libres para correr, perseguir bichos, subirse a los árboles, cazar o desaparecer.

Entiendo (a veces) a quien sube sus trabajos, al artista que publica su obra o a quien comparte sus recetas (aunque el formato sea infame y el último lugar al que acudiría para consultar nada), por poner algún ejemplo. Pero a mí, lo que me llena y divierte, es tener una web y canales en los que dejar recursos útiles, seguir aprendiendo cosas nuevas en mis ratos libres, o perfeccionando lo que creía dominar, y compartirlo de cara al futuro, para cuando alguien llegue aquí por casualidad, como he hecho desde 1999.

Instagram no me permite desarrollar esa actividad de un modo plenamente satisfactorio, publicar artículos bien explicados y bien formateados, midiendo las dimensiones de cada párrafo, cuidando cada palabra y fotografía. Sé que mi alcance será menor, pero también sé que quien encuentre este sitio, sabrá apreciar que quede gente haciendo las cosas como yo, sin buscar notoriedad, sin llenarlo todo de publicidad tediosa, ayudando a los demás sin esperar nada a cambio. ¿Que luego te suscribes a alguno de mis canales? Gracias, aunque te lo digo de verdad, no es necesario.

Otro aspecto desconcertante es el abuso de interacciones superfluas. Ha llegado un punto en el que prácticamente no dialogo de verdad con nadie, solamente recibo corazones y reacciones rápidas que carecen de valor auténtico para mí. Comenzó a darme vergüenza preguntar ¿cómo estás? a personas que conozco desde hace 15 ó 20 años, no vaya a ser que esté violando la netiquette actual, interrumpiendo su frenesí diario de me gusta indiscriminados a todo lo que pasa por delante de sus ojos.

Hace escasas semanas propuse algo en Instagram. Pedí a quienes me seguían que en lugar de darle a me gusta, tuvieran la confianza de charlar conmigo cuando quisieran, que volviéramos a ser humanos haciendo cosas de humanos. No sirvió para nada, es mucho más fácil seguir consumiendo contenido infame en bucle. O tal vez yo no soy tan interesante, la mayor parte de mis publicaciones en la red son divulgativas, no soy polémico, ni me desnudo.

Aquello me dolió un poco, pero no por mí: supe que era imposible sacar de esa espiral* a personas aparentemente normales. Pero es cosa suya, uno no puede juzgar, sólo seguir su camino y ofrecer su tiempo a quien lo aprecie.

(*) Lo sé, se puede compaginar una vida plena con una gran actividad en redes, pero se entiende perfectamente lo que quiero contar.

Pero lo que más me repatea de las redes es que os tratéis mal. No puedo entender que uséis el mejor invento de la historia (internet) de esa manera, dañando, humillando y menospreciando a personas a las que no conocéis. Estoy cansado de que pregonéis valores de los que demostráis carecer, desde el llorica que se queja cuando se meten con sus gustos pero hace exactamente lo mismo, hasta los desquiciados que achacan todos sus males a la otra media España que vota mal, pero no mueven un dedo por cambiar el mundo.

Los amigos del politiqueo más visceral, llegáis a justificar atrocidades que deberían constituir delito, siempre estáis buscando un enemigo. Y lo peor de todo es que sois mayoría. A un lado y al otro, creéis que los demás no tienen valores, qué miedo dais. Y ojo, porque si no te mojas es malo, menudo pusilánime, qué poco compromiso, no tienes personalidad, pero como se te ocurra dar una opinión que no contente a todos porque consideras que ninguna parte tiene razón, ese día serás nazi o comunista a gusto de cada mirón.

No puedes anular a un ser humano al completo, toda su vida, toda su existencia, por una desaveniencia en internet. No sabes nada sobre su situación personal, relaciones, vivencias, trabajo, aspiraciones, anhelos, temores y el sinfín de cosas que hacen única a esa persona, pero ya has retorcido su respuesta para hacerla encajar en tu tenebrosa realidad de buenos como yo y malos. Además de autolimitante, creer que el mundo sería mejor si todos fueran como tú, es un razonamiento de perturbados.

Estoy cansado de la gente que se considera buena, no creo que nadie decente necesite demostrar que es mejor que los demás. No tiene sentido, algo falla, ¿no? Yo no soy bueno, soy normal. Y siendo normal puedo aspirar a ser mejor, perseguir la bondad cada día. No importa cuánto bien hice ayer, hoy empiezo de cero, sin alardear, sin etiquetas, sin hacerme el dignísimo en Twitter criticando una estupidez de Los Morancos*, ni colgarme trofeos a la moralidad en Tinder**.

(*) Imitar el sonido que reproduzco al hablar, no es menospreciar mis orígenes, ni mi cultura. ¿Sabéis lo que es un insulto, más bien odio con todas las letras? Que me consideres inferior por ser español, algo que puedes expresar impune y recurrentemente en Twitter. ¡Yo, que ni siquiera me opongo a tus objetivos políticos! En fin...

Si esa broma os molestó, acabáis de cancelar también a todos los humoristas del planeta, a vuestros podcasts favoritos, a directores de doblaje, a todos vuestros amigos, familia y a vosotros mismos. No sé, con la cantidad de burradas que soltáis continuamente, yo iría revisando el historial de Twitter. Es sólo un consejo, a mí me da igual, mis bromas surgen en privado y lo que me tira es Terry Pratchett.

(**) Madre mía, Tinder, qué sitio. Hallar pareja debería consistir en compartir tu felicidad con alguien que desee compartir la suya contigo y sacar adelante un proyecto de vida en común. Si no estás bien, tómate tu tiempo, redescubre todas las cosas buenas por las que merece la pena vivir y, sólo entonces, compártelas con alguien. Detallando en tu perfil todo lo que detestas, atraes principalmente a personas empeñadas en demostrarte que no son así (probablemente sí lo sean) y alejas a quien derrocha amor.

Mis ideas son todo lo justas que mi imperfección y conocimiento nunca absoluto permiten, muy meditadas, eso por descontado. Querré que me escuches, tal vez que reconsideres tu opinión o que lleguemos a un acuerdo intermedio, pero no desearé tu anulación. No pretendo que seas como yo, en realidad te necesito diferente para seguir creciendo. Si después me rechazas, me atacas*, lastimas o traicionas, no hay ninguna razón para devolvértelo, perderás la oportunidad de ser parte de mi maravillosa vida.

Eso ya es problema tuyo, no me voy a sentir mal por haberte dado una oportunidad, el/la tonto/a eres tú. Pero nada de eso va a suceder en internet porque yo no vuelvo a perder el tiempo en una red social.

(*) Comportamiento fascinante del internauta medio: considera que la mejor forma de inculcar sus ideas es insultando. Extraño sistema de persuasión que también fomentan los políticos. ¿Os imagináis que un día, surja un político con la voluntad de gobernar, no sólo para sus votantes, sino para todo el país que representa y del que se enriquece, entendiendo que todos somos diferentes, pero nos ha tocado convivir juntos aquí y ahora, y no nos queda otra que coexistir? Yo no. De hecho, lo que sí imagino, es que muy probablemente llegue alguien asegurando que con mis comentarios blanqueo alguna conducta atroz.

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Alexei

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